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Me aburre leer las etiquetas de alimentos

¿A ti también te pasa?

¿Crees que es una pérdida de tiempo con la de ocupados que andamos todo el día corriendo de aquí para allá?

Pues puede parecerlo, y más aún cuando no nos lo ponen nada fácil con tanta palabra rara en el etiquetado y con la creencia popular de que vigilar lo que uno come solo es necesario cuando se quiere adelgazar, y nada más lejos de la realidad.

La correcta lectura del etiquetado es una parte fundamental hoy en día ¿y por qué?

Pues porque la mayoría de nosotros hacemos la compra en un supermercado lleno de productos comestibles y pocos alimentos, y no en un mercado tradicional, donde prácticamente nada lleva etiqueta que leer, y donde el margen de error no pasa más allá de confundir la coliflor con el brócoli y llevarnos a casa lo que no es. Todo esto está muy bien, pero ¿Qué hacemos si no podemos ir al mercado? Esta posibilidad existe por los extensos horarios laborales, o porque no tengamos ninguno cerca o al que poder desplazarnos con comodidad. No pasa nada, vamos al supermercado, pero intentaremos hacer la compra como si estuviéramos en un mercado.

Sencillo: más alimentos y menos productos.

  • Verduras y frutas frescas (o congeladas)
  • Legumbres (secas o de bote)
  •  Pescados y mariscos (frescos o congelados)
  • Carnes (preferiblemente blancas, evitar embutidos y demás carnes procesadas)
  • Huevos (a poder ser ecológicos o camperos)
  • Lácteos: Quesos (tradicionales: frescos, tiernos, semicurados y curados), Leche y Yogures (sin azúcar ni edulcorantes añadidos)
  • Frutos secos (sin sal y sin freír)
  • Arroz, pasta, pan y cereales (preferiblemente integrales)

¿Qué os parece? ¿Se parece esto a vuestra lista de la compra? ¿Y luego a vuestra compra real?

Si hicieras una lista de la compra parecida a esta, mucho más concreta claro, no tendrías que leer prácticamente ningún etiquetado, se acabó el problema. Pero por si acaso,

Voy a contaros las 4 claves para leer correctamente el etiquetado de un alimento sin mucha dificultad y en poco tiempo.

  1. La aburrida lista de ingredientes: Lo más importante de un etiquetado nutricional, y lo primero que hay que leer. Los ingredientes aparecen de mayor a menor cantidad en la lista, y así sabremos si lo que estamos comprando es más o menos ajustado a lo que queremos comprar (spoiler: no siempre es así).

  2. Las odiadas grasas: Al contrario de lo que se suele pensar, lo más importante no es la cantidad de grasa que tenga un producto alimenticio, que también lo es, sino la calidad y procedencia de la misma. Si en la lista de ingredientes aparece grasa o aceite hay que saber de qué tipo es: girasol, palma, coco, oliva…evitemos estos aceites refinados y busquemos que tenga apellidos, como el Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE) que es sin duda la mejor de las grasas añadidas. Si en la lista de ingredientes no aparece grasa añadida, no nos debe preocupar en exceso cuánta grasa tiene, ya que sería propia del alimento, aunque de nuevo sería importante el tipo de grasa y su procedencia.
  3. Los omnipresentes azúcares: Aquí, como la diferencia de calidad que existe entre un tipo de azúcar añadido y otro es ridícula, y pasa lo mismo entre edulcorantes, lo mejor es buscar un producto sin azúcares y sin edulcorantes añadidos. En su defecto, nos quedaremos con aquel que no supere los 10 gramos de azúcar por cada 100 gramos de producto, aunque esto puede variar dependiendo de si parte de los azúcares son propios del alimento (saludables) y no añadidos. El problema radica en que no siempre pone AZÚCAR en el listado de ingredientes, y para facilitarnos la tarea os dejo esta imagen.

  4. La temida sal: Como aquí tampoco hay calidad, escogeremos el producto que menos sal añadida contenga ¡pero sin olvidarnos de los pasos anteriores! No solo por tener menos sal que otro producto ya va a ser mejor. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda reducir el consumo de sal a 5 gramos al día (preferentemente sal yodada, y esta no es la que se añade precisamente a los productos), y con respecto a los productos, que estén por debajo de los 1,25 gramos de sal por cada 100 gramos de producto.
Con estos sencillos consejos espero que vuestras comprar en el supermercado no se eternicen comparando productos y que optéis cada vez más (aunque solo sea por pereza) por comprar alimentos frescos que no necesitan etiqueta o por productos con un mínimo etiquetado.
Si quieres saber más sobre etiquetado alimentario, pide cita con nuestra Dietista-Nutricionista. ¡Una compra más sencilla y saludable es posible!
Bibliografía: http://www.plancuidatemas.aesan.msssi.gob.es/conocelasal/el-etiquetado.htm https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/salt-reduction

Cristina Casielles Fernández

Dietista – Nutricionista

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